Impactante: La acusan de tirar a la basura a su beba recién nacida, quien luego murió

Sucesos 05 de diciembre de 2018 Por
Pese a que la niña fue rescatada con vida, falleció horas después.
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Hacía apenas unos minutos que había nacido. Le costaba respirar. Estaba en la oscuridad, rodeada de pañales con materia fecal, basura y mucho olor a podredumbre. Como pudo tomó fuerza y comenzó a llorar dentro de una bolsa que estaba atada con un fuerte nudo.

Los llantos de desconsuelo retumbaban en una calle de Santa Rosa del Calamuchita, el 26 de abril pasado, minutos antes de las 10 de la noche. Su fuerza se agotó 28 horas después y murió en el hospital municipal.

Ahora su madre, Betina Palacios (37), deberá enfrentar un juicio, imputada por homicidio calificado por el vínculo, que establece prisión perpetua en caso de que sea encontrada culpable sin ninguna circunstancia atenuante.

Alejandro Carballo, fiscal de Río Tercero, elevó la causa a juicio en los últimos días. Es casi seguro que el debate se realizará recién en 2019, según se confió desde la Cámara del Crimen de esa ciudad.

Ocultar hasta la muerte

Según el expediente, nadie sabía que Betina estaba embarazada, menos aún que había parido sola, en su casa y sin buscar auxilio.

“¿Qué es eso, el llanto de un bebé o de alguna chiva?”, le preguntó Gonzalo Lucero, su pareja, intentando buscar de qué se trataban los ruidos que comenzaron a llegar desde la calle aquel 26 de abril.

“No es nada, no salgás, andá adentro”, le respondió la mujer que ahora está encarcelada, tras haber admitido ante la Justicia que parió en el baño de su casa.

Lucero hizo caso omiso al pedido de su pareja y siguió el recorrido que lo conducía hacia el grito insistente. Así descubrió que provenía de una bolsa de basura, lista para que los recolectores la retiraran de la vereda de su casa.

No dudó, la llevó adentro y la rompió rápido. Ahí encontró a la pequeña, desnuda. Lucero llamó a una vecina que es enfermera. Y la trasladaron al hospital local.

Pero antes de que la sacaran de ese inmueble, dos mujeres policía, alertadas por los vecinos, acudieron a la casa, en cuyo interior aún nadie entendía en qué momento había nacido la beba.

Las uniformadas se encontraron con mucha sangre en el baño, según consta en el expediente.

“La bolsa contenía basura de todo tipo, restos de comida, cáscaras de papas, pañales, olor a caca, todo ya en un estado de podredumbre, el olor era terrible. Además, en la bolsa había líquido rojo compatible con sangre”, declaró una de las policías.

La uniformada aseguró que en la bolsa “no estaba la placenta”. Ese dato cobra relevancia, ya que Palacios dijo que no había tirado a su beba, sino sólo la placenta.

Pese a ese intento exculpatorio, el fiscal Carballo confirmó en la requisitoria a juicio que “se encuentra acreditada la existencia del hecho y la participación penalmente responsable de Palacios”.

Carballo le achacó “el desprecio por la vida que llevaba en su seno”.

Peritajes

A partir de varios informes, el anatomopatológico, autopsia y demás peritajes, Carballo concluyó que las acciones desplegadas por Palacios “desencadenaron procesos de asfixia por confinamiento y sepsis bacteriana que produjeron la muerte de la niña”.

A juzgar del fiscal, el dolo homicida también se evidenció “porque dio a luz en lugar séptico y porque no se hizo ningún estudio durante el embarazo”.

La recién nacida pesó tres kilos y midió 49 centímetros. Ingresó al hospital “con hipotermia, rosada, ojos abiertos y llanto vigoroso”, según el certificado médico. No alcanzó a ser inscripta en el Registro Civil. La madre dijo que la iba a llamar Milagros Esperanza Lucero Palacios.

Betina se mantuvo en silencio cada vez que su familia o la Policía le preguntaron qué había pasado. Sólo le confió a su vecina que el ocultamiento del embarazo se debía a que tenía miedo de que su pareja se enojara y la abandonara. No dio más detalles.

Lucero, ofuscado porque le habrían ocultado el embarazo y el parto, también le confesó a su vecina: “Mire lo que me hizo, no sé qué voy a hacer con ella”, tras recordar que hace unos años también habría tirado a la basura a su recién nacido, hijo de ambos, que finalmente sobrevivió.

El peritaje psiquiátrico arrojó que Palacios comprende los actos, que “no presenta indicadores psicopatológicos de gravedad, no reúne criterios de internación y se sugiere atención psicológica”.

El informe sociovecinal concluyó que “no se evidenciaron indicadores de situaciones violentas dentro del entorno familiar, ni comportamientos que llamaran la atención”.

En la escuela a la que asisten otras hijas de Palacios, declararon que “era una mamá que se ocupaba de que sus niñas recibieran escolaridad” y aseguraron que no observaron “conductas compatibles con malos tratos en las menores, que tenían buen comportamiento y rendimiento académico regular”.

Fuente: La Voz

Diario Primicia

Redacción

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