Santino, el pequeño que le da batalla a un cáncer poco común

Sucesos 26 de febrero de 2018 Por
Hace dos años le diagnosticaron un tipo de enfermedad inusual, pero le da pelea con amor y solidaridad.
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Hace dos años, Victoria advirtió una hinchazón sobre el párpado izquierdo de su hijo Santino. Parecía un chichón, pero el chico no se había golpeado. Con el correr de los días el bulto creció. Santino ya casi no podía abrir el ojo.


Entonces comenzó un camino engorroso, repleto de sensaciones, de emociones fuertes, de temores. Un derrotero de esos que nadie quiere atravesar en la vida pero que muchas veces se imponen sin pedir permiso.


Victoria Gaitán y Martín Curletto tienen cuatro hijos: Agostina, Santino, Valentino y Martina. Viven en el centro de Rosario.


Si algo los caracteriza es la vida social que llevan, y la deportiva, en el Club 1º de Mayo, de zona norte. Hasta el diagnóstico de su hijo Victoria trabajaba en un negocio de electrodomésticos. Su marido es ferroviario.


El primer especialista que atendió al nene determinó que aquello que se manifestaba con una hinchazón que no cedía era un tumor que estaba creciendo detrás del ojo. "Lo operaron rápidamente porque tenían que saber si ese tumor era benigno o no", explicaron los papás de Santino que recibieron a Más. "La cirugía fue un viernes. El martes nos llamó el médico. Nos pidió que lo fuéramos a ver pero sin Santino. Jamás nos imaginamos lo que íbamos a escuchar".


Las noticias no fueron buenas. El tumor era maligno. Se llama rabdomiosarcoma (ver aparte) y es un caso muy poco frecuente. "El tratamiento de su hijo debe empezar lo antes posible", sentenció el médico a estos padres que esa misma noche viajaron con el pequeño a Buenos Aires ya que decidieron que lo atendieran en el Garrahan.


"Nunca pensé que podía pasar esto", repite Victoria. "En mi familia nadie tiene una enfermedad complicada, ni ningún problema de salud", continúa.


En el hospital porteño lo derivaron a una oncóloga que atiende "casos raros" y que forma parte de un equipo de especialistas. "Lo de Santino no se puede operar. Pudimos recurrir a la quimioterapia, a la que se sometió ya durante dos años, y a radioterapia, ahora no se le puede hacer más", explica Martín.


La única forma de saber cómo está el tumor — que toca las redes neuronales— es a través de diversos estudios de imágenes. Así comenzaron los innumerables viajes a Buenos Aires y además las consultas en Rosario (en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela) donde el pediatra oncólogo Marcelo Coirini también cumple un rol en el tratamiento del chico.


Pero más allá de los movimientos relacionados con las terapias y las consultas médicas lo que esta familia debió encarar fue un nuevo armado, un nuevo esquema del día a día que en nada se parecía a lo que tenían hasta no hace tanto tiempo. Una completa reorganización en la que abuelos y amigos se volvieron aliados imprescindibles.

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Recursos impensados

A dos años de la primera consulta en el Garrahan, Santino está bien. Pudo volver a la escuela, para su felicidad y la de sus compañeros, y —un dato que para todo chico es importante— le creció el pelo que había perdido en la quimioterapia.


Esta nueva vida, o esta vida que ahora tiene esta forma, provocó un desequilibrio en la economía de la familia de seis miembros. Victoria tuvo que dejar de trabajar y los gastos aumentaron. Por eso tuvieron que pensar qué otras cosas hacer. Sacaron algunos créditos y se endeudaron. Y tampoco fue suficiente. "Me da mucha vergüenza, pero tuvimos que salir a pedir", confiesa Victoria.


Pedir ayuda, pedir respaldo, no es nada fácil. La respuesta vino en forma de eventos, choripaneadas, torneos deportivos, encuentros y rifas que los amigos organizaron con disposición y amor. "Mucha gente nos ayudó y la verdad es que pudimos salir adelante, pero cuando Santino fue más grande no quisimos exponerlo tanto, entonces decidimos no hacer más eventos multitudinarios. Ahí surgió la idea de cocinar", recuerda Martín.


"Cuando tuvimos que pagar la radioterapia de Santino saqué fuerzas y emprendí una actividad que nunca se me había ocurrido antes", reconoce la mujer, que hasta ese momento no había tenido que pasar una situación económica delicada.


"Se nos ocurrió que la mejor forma de poder seguir cuidando a Santino, y a la vez trabajar para juntar dinero, era cocinar en casa. Así comenzamos", relatan los Curletto.

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Apostar a todo

Este diario encontró el aviso de los productos que elabora Victoria en una página de Facebook. De la misma manera cientos de rosarinos y personas de la zona se enteraron de la propuesta y de la situación familiar en los últimos meses, por las redes sociales.


Victoria empezó a ofrecer pizzas caseras, empanadas, supremas, y también lemon pie y tarta Tofi. Primero a través de los grupos de Whatsapp del colegio Cristo Rey, donde van sus hijos (que fueron becados por la escuela para que no tengan que cambiar de establecimiento).


La respuesta fue inmediata. Empezaron a llegar los pedidos que Victoria cocinaba y Martín repartía al volver del trabajo. "¡Le sale todo muy rico!", dice el papá de Santino, orgulloso de su esposa, porque la realidad es que a esta mujer, que se animó a todo, no le gustó nunca la cocina.


Es más, en esa casa el que siempre cocinaba era Martín. "No hay nada que el amor por un hijo no pueda lograr", agrega ella con una sonrisa.

Para la última visita al médico en Buenos Aires publicaron la oferta de estas comidas en las redes sociales. Victoria aclaraba en ese escrito que el dinero iba a ser destinado para viajar en febrero (se fueron a Buenos Aires hace tres días). "Explotó mi teléfono", cuenta agradecida y emocionada. "Mirá, con todo esto que nos pasó yo estaba muy descreída, pero te puedo asegurar que la ayuda de Dios te llega en el momento justo".


Actualmente tienen una página en Facebook que se llama Juntos por Santino donde van contando los avances en la salud de su hijo, como una manera de agradecer a todos los que se preocupan y piensan en el niño, aunque no lo conozcan.


"Santino cambió mucho", dicen sus papás. "Ahora quiere hacer todo, no quiere perderse ninguna oportunidad. Disfruta de cada momento. Nosotros aprendemos con él, al igual que sus hermanos", comentan.


Victoria y Martín se miran. Y esa mirada encierra tanto... Es que sólo ellos saben lo que han pasado, y con qué energías darán los pasos que siguen. De la mano están dispuestos a cruzar nuevos mares, a subir más montañas. Pero sobre todo a disfrutar el día a día, los momentos de paz, de armonía, esos momentos hermosos de la rutina que tantos rechazan y ellos seguramente añoran.

Ahí, en un departamento del centro de Rosario, cada día se escribe una historia de amor, de coraje, de unión, de mucho pero mucho tesón.

Diario Primicia

Redacción

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