"El gobierno de Macri propone una democracia más débil, más superficial"

Política 12 de febrero de 2018 Por
El politólogo Marcelo Leiras consideró que la actual situación institucional del país "es muy preocupante".
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Para el politólogo Marcelo Leiras el macrismo busca reemplazar lo que llama "el consenso alfonsinista" —basado en la vigencia de las elecciones y los derechos humanos y la exclusión de las fuerzas armadas y de seguridad de la política— por un consenso basado en un compromiso democrático más frágil. En su opinión, la actual situación institucional del país "es muy preocupante".

En diálogo con LaCapital, el director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés evalúa que la defensa que hizo el gobierno del policía Luis Chocobar "es una barbaridad" y asegura que "no hay lugar en el mundo en que una persona que ha fusilado por la espalda reciba el respaldo del presidente". Además, considera que el deslizamiento del oficialismo del centro a la derecha del espectro político plantea una oportunidad para la oposición.

—Usted plantea que se está debilitando lo que llama el "consenso alfonsinista". ¿En qué consiste ese consenso y cuál fue su derrotero en los sucesivos gobiernos?

—El consenso alfonsinista tiene tres componentes: elecciones, derechos humanos y militares y policías fuera de la política. Ese compromiso fue muy firme durante el gobierno de Alfonsín y se sostuvo en el de Menem, que tuvo con respecto a la investigación y castigo de las violaciones de los derechos humanos una política opuesta a la de Alfonsín, pero redujo significativamente el peso de las fuerzas armadas en la política interna y en el presupuesto. También ofreció reparación a los daños de las víctimas del terrorismo de Estado y tuvo generales como Martín Balza a cargo del ejército. El kirchnerista sostuvo la política de castigo a las violaciones de los derechos humanos pero empezó a aparecer una distinción entre víctimas del terrorismo de Estado. Como si el problema del terrorismo de Estado hubiera sido no que hiciera desaparecer personas, sino que se neutralizara el accionar de las fuerzas revolucionarias, en particular las peronistas. En realidad el compromiso alfonsinista es un consenso de método, no de objetivos. El kirchnerismo empezó a debilitar ese consenso porque empezó a preocuparse más por las metas que por los métodos. El consenso alfonsinista se puede asentar porque algo de la política argentina se despolitizó; el consenso alfonsinista se fragua a bajas temperaturas: cuando dejamos de discutir cosas fundamentales (como la distribución del ingreso en sentido fuerte) hay condiciones para que ese consenso se imponga. Después del 2001 la política volvió a subir la temperatura: empezamos a discutir cosas fundamentales, y en esa discusión el consenso alfonsinista se debilitó.

—¿Qué sucede con ese consenso durante el macrismo?

—Al segundo y al tercero de los tres pilares el macrismo los ataca frontalmente y con el primero tiene un compromiso cuestionable. La mayoría de los dirigentes macristas tienen relaciones cordiales y no violentas con sus adversarios políticos, pero hay una cosa del macrismo que es preocupante: el aliento sino la intervención en los procesos judiciales contra los opositores políticos. Son muchos los ex funcionarios kirchneristas presos, y no todos con causas del todo convincentes. Cuando se empieza a usar la persecución judicial como herramienta de confrontación partidaria las elecciones dejan de ser el único mecanismo. Lo que está ocurriendo institucionalmente es muy preocupante.

—¿Está buscando el macrismo construir un nuevo consenso? ¿Tiene capacidad para imponerlo?

—El presidente y muchos funcionarios de alto perfil lo dicen todo el tiempo: están buscando un cambio cultural. Creo que no le va a cambiar la cabeza a gente que piensa distinto; lo que sí hace es darle voz a mucha gente que piensa como él y que durante mucho tiempo no podía expresar esa posición públicamente. El consenso alfonsinista no es unanimidad, es un consenso. Lo que el presidente está buscando y lo hace abiertamente es reemplazar ese consenso por otro consenso que tiene un compromiso democrático más débil. No diría que Cambiemos es una fuerza contrademocrática, creo que entiende la democracia de un modo muy distinto a como la hemos entendido hasta ahora, o peor. Es una democracia más débil, más superficial, más flaquita la que propone Cambiemos.

—En un hecho inédito EM_DASHal menos desde el retorno de la democraciaEM_DASH, un presidente recibe y felicita a un policía acusado de realizar casi una ejecución sumaria, ¿Como lee políticamente la foto de Macri con Chocobar?

—Me parece una barbaridad. Permitir que un policía fusile por la espalda a una persona es decir que el Estado va a ejercer la violencia sin ninguna legalidad; está anulando las condiciones para que haya un Estado de derecho. No sólo es inédito en Argentina, sino en el mundo. No hay lugar en que una persona que ha fusilado por la espalda reciba el respaldo del presidente antes de que se produzca un pronunciamiento judicial sobre el tema. Es una locura lo que está haciendo el presidente, y es una locura que la ministra de Seguridad le dé carta blanca a los miembros de las fuerzas de seguridad para que actúen como les parezca más adecuado. Este es un país en que las fuerzas de seguridad ejercieron mucha violencia y siguieron haciéndolo después del regreso de la democracia.

—A fin de año escribió que con los conflictos de diciembre todos los actores pagaron costos muy altos, ¿Cómo ve la dinámica política de los próximos meses? ¿Considera que el gobierno va a sacrificar su agenda de reformas en busca de gobernabilidad o está tomando aire para volver a la carga más adelante en el año?

—Parece que el gobierno ha hecho cuentas de que le salió muy cara la reforma previsional, que tampoco le daba tanto aire fiscal. El gobierno ha demostrado que cada vez que avanza lo hace de modo temerario, y cuando se sienta fuerte de nuevo va a volver a hacer lo que quiere hacer. Esta reuniendo fuerza, está tratando de conseguir en 2019 un aval electoral que le permita ir más para adelante. El gobierno ha demostrado que no tiene ninguna vocación de llamar a un público un poco más amplio que ese 51 por ciento que los votó en 2015. Van a un núcleo y a sostenerse con lo que tienen y a apostar tanto como puedan a que se sostenga la división de la oposición.

—Precisamente, en la oposición se observan ensayos de unidad, con avances y retrocesos, ¿El principal adversario político del gobierno es el propio gobierno, o hay posibilidades de que se constituya una alternativa competitiva para el 2019?

—El hecho de que el gobierno se recueste sobre su posición ideológica, más distante del centro ha facilitado la unificación de la oposición. Ahora la oposición tiene que ver qué onda: no es sólo reunir a nueve varones dirigentes peronistas sino que hay que hacer un balance del kirchnerismo; qué le pasó al kirchnerismo no sólo desde que asumió Cristina sino desde la presidencia de Néstor. Mientras haya sólo conversaciones sobre en qué lugar se sienta Cristina por más errores que siga cometiendo el gobierno la oposición no va a ir a ningún lado.

—Usted ha analizado el voto progresista: ¿Hay espacio para una fuerza progresista competitiva? ¿O ese espacio está resignado a ubicarse en alguno de los dos polos?

—No, el desafío para los progresistas —que son los que están de acuerdo con la igualdad pero a la vez quieren libertad— es cómo convivir con el peronismo y viceversa. La incorporación de las posiciones igualitarias que hizo el kirchnerismo no fue saludable ni productiva ni novedosa desde el punto de visto cultural. Con cultural me refiero a modos de pensar la política, modos de hablar; el alfonsinismo fue una innovación cultural.

—Santa Fe puede ser un laboratorio de esa perspectiva: un sector del Partido Socialista y del peronismo están discutiendo construir un frente antimacrista en 2019, iniciativa que a su vez es torpedeada por otros sectores de ambos partidos.

—Va por ahí. Lo que queda claro es que en la política argentina no hay espacio para un tercero. Cambiemos ayuda a reordenar el sistema político porque ocupó el lugar que antes ocupaba el radicalismo, identidad claramente no peronista. Eso ofrece la chance de unificar a la oposición, chance que parece que muchos dirigentes están leyendo bien. Además de esa lectura de la oportunidad política, hay que hacer un laburo cultural. No hay que pensar sólo que uno quiere ganar las elecciones, sino para qué ganarlas

Fuente: La Capital

Diario Primicia

Redacción

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