Quemó a dos hombres, se atrincheró y lo mató la policía

Sucesos 13 de marzo de 2018 Por
Se encerró en su casa cinco horas; cuando el grupo Halcón irrumpió, abrió fuego y lo abatieron; una deuda por un botín criminal fue el motivo del doble crimen
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"Si entran, me voy a llevar puestos a dos", le advirtió a su amigo, a través de una videollamada. Estaba atrincherado, drogado y armado. Afuera, los agentes tácticos del grupo Halcón esperaban órdenes. La negociación no conducía a ninguna parte. Antes, presagiaba el desenlace letal. Carlos Esteban González, el Gordo, no pensaba entregarse: había asesinado y prendido fuego a su primo y a un amigo, aparentemente, por una deuda impaga; quizás, un vuelto por un tema de drogas.

Cuando la brigada de asalto irrumpió en la casa de Pilar 262, en Lomas de Zamora, abrió fuego. Pero no cumplió su amenaza; solo alcanzó a herir a un perro entrenado del grupo Halcón. El que murió fue él, al recibir un tiro en la cabeza.

Así, ayer al mediodía, y después de cinco horas interminables, acabó en Villa Fiorito un raid delictivo que había comenzado la noche anterior en Villa Caraza, Lanús, cuando, según confiaron a LA NACION fuentes judiciales y policiales, González, de 30 años, mató a su primo Alexis Cáceres, de 22, y a un amigo de este, Leonardo Duarte, de 33. Después de ultimarlos, el sospechoso roció con alcohol a las víctimas y las prendió fuego. Obligó a su propia novia a que lo ayudara.


"Esto es para que aprendas que las deudas se pagan", le habría dicho González a su primo antes de dispararle desde el asiento trasero del Corsa gris de Cáceres.

La escena fue reconstruida por la fiscal de Lanús Mariela Bonafine y por detectives de la policía bonaerense a partir del testimonio de la pareja de González, una chica de 24 años que fue obligada por "el Gordo" a presenciar el doble homicidio y el incendio del auto.

La joven incluso había sido alcanzada por las llamas, pero logró zafar del fuego al sacarse la ropa apenas salió del auto. Parte de su cuerpo sufrió quemaduras. Su testimonio fue clave para desentrañar lo que pasó dentro del auto, horas antes del dramático final.

González tenía antecedentes. El 28 de octubre de 2010 había sido condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 5 de Lomas de Zamora a cuatro años de prisión por robo agravado. En agosto de 2014 se le inició otra causa por robo. El año pasado, una por tenencia ilegal de arma y encubrimiento.

Según reconstruyeron los investigadores judiciales y policiales, la deuda mentada por González no era de Cáceres, sino del padre, que está preso por una causa de drogas.

Una calificada fuente policial explicó que esa deuda sería fruto de la "mejicaneda" de un botín. Pero esta hipótesis aún no fue acreditada en el expediente judicial.

Llamas a la medianoche
Anteanoche, a las 23.55, el 911 recibió una llamada de alerta: a cinco cuadras de la estación Villa Caraza del tren Roca, en Chubut y Magallanes, se prendía fuego un coche. La policía descubrió que dentro de él había dos cuerpos carbonizados. El vehículo no tenía pedido de secuestro; los registros oficiales revelaron que su propietario, Cáceres, vivía en Magallanes al 3500, a cinco cuadras de allí.

Los primeros testigos dijeron que mientras el auto se incendiaba dos personas lograron salir y se fueron a la carrera. Un hombre y una mujer. Creían que eran víctimas que se habían salvado del fuego.

Después se sumó el testimonio de la madre de Cáceres. Recordó que su hijo había salido de su casa para ir a ver a su primo, el Gordo.

La mujer, dijeron fuentes judiciales, les indicó a los detectives dónde vivía González. Encontraron a la pareja del Gordo. La chica fue a declarar ante la fiscal Bonafine. Primero negó que hubiese sido ella la mujer que había sido vista salir del auto en llamas.

La fiscal sospechó. Le pidió que se sacara la ropa para que la revisara una médica; al principio se negó enfáticamente. Hasta que "se quebró" e hizo un relato preciso de lo que había sucedido horas antes. Estaba presa del pánico. Era víctima de violencia de género.

La joven contó que Cáceres había llamado al "Gordo" para que lo ayudara a "apretar" a una persona que había molestado a su madre. Cuando cortó la comunicación le dijo a ella: "Este va a aprender. Voy a aprovechar y cobrar la deuda".

Dijo que González la obligó a acompañarlo. Ambos subieron al auto de Cáceres para llevar a cabo la "misión". Pero cuando estaban cerca de donde vivía aquel al que iban a "apretar", el Gordo sacó un arma y le preguntó a su primo: "¿Así que vos querés matar? Ahora vas a saber lo que es matar". Sin pestañear, le dio un tiro en la cabeza a Duarte, que iba de acompañante.

Cáceres solo atinó a arrojarse sobre su amigo mientras le gritaba a su primo: "¡Qué hiciste!". En respuesta, según confiaron fuentes judiciales, González dijo: "Esto es para que aprendas que las deudas se pagan". Y le descerrajó dos tiros.

Duarte y Cáceres murieron en el acto. La chica declaró que González la obligó a ayudarlo a rociar con alcohol los cuerpos y el auto. "Serví para algo", le repetía... De los nervios, dijo, la botella se le cayó encima, se salpicó y cuando empezó el fuego las llamas la alcanzaron. Se salvó porque se sacó la ropa y corrió.

Fue el principio del fin para González. Se encerró en la casa de Pilar al 200. Incluso amenazó a una mujer y a su hijo de 6 años, que viven en la planta superior de la propiedad. Pero llegó el grupo Halcón y ya no podía escapar.

Estuvo atrincherado durante cinco horas. En la negociación permitió que la madre y su hijo salieran de la casa. Se quedó solo. Según las fuentes consultadas, hacía videollamadas al teléfono de un amigo. Gracias a eso, la policía y la fiscal veían en directo que González estaba armado y se drogaba.

Cumplidos todos los pasos del protocolo, sin posibilidad de que González se entregara, el grupo Halcón entró por asalto. El Gordo tiró primero; hirió a un perro en el lomo. Una décima de segundo después, un proyectil le atravesó el cráneo.

Fuente: La Nación

Diario Primicia

Redacción

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